Fundación
La fundación de la comuna se realizó un 08 de Octubre de 1862, en una ceremonia donde se instaló la piedra fundamental del Fuerte Varas, que protegería el desarrollo en los primeros años de la comuna.
El fuerte Varas quedó ubicado en los antiguos escombros de una fortificación española, (actual Gobernación Provincial), a la ceremonía Matías Rioseco y Juan Mackay, además de los caciques gobernadores Juan Porma, Hueraman, Mariñanco, el comandante del Maule, señor Saavedra, el señor Lenis comandante de la brigada de marina, el sub delegado de Lebu don Clodomiro Hurel.
El Fuerte Varas, llamado así en honor al ilustre ciudadano de ese entonces Don Antonio Varas, quedo delineado como un recinto cuadrado de cien metros por costado el cual se proyecto encerrarlo por una muralla de dos metros de espesor, y fuera de ella murallas por un foso de cinco metros de ancho.
La futura ciudad fue trazada con once manzanas de 96mts. Por lado, dejando entre ellas espacios de 14 mts para servir como futuras calles. Entre esas manzana se destino una ubicada inmediatamente al norte del lugar que ocuparía el fuerte, para la Plaza de Armas.
Hitos históricos
Fuerte Santa Margarita de Austria
En los comienzos del siglo XVII los españoles, reforzados con nuevos combatientes y cubiertos por el Real Situado, crearon un ejército profesional bajo el mando del soldado más brillante que tuvo Espña la en la Colonia, Don Alonso de Rivera.
En la primavera de 1604 selvas del Valle de Lebu volvieron a presenciar el paso del invasor que llegaba a levantar un fuerte en las riveras de este ro-considerado como la frontera entre los Estados de Arauco y Tucapel, con el nombre de Santa Margarita de Austria, en honor a la esposa de su Rey, don Felipe III.
El punto elegido para fundar la nueva fortaleza estuvo situado sobre el Ro Levo, siete leguas de Arauco y en la raya de la Provincia de Tucapel
Santa Margarita de Austria Permaneció por mas de cuarenta años en medio de las selvas de Lebu. Por ser punto amansado en el territorio Lafkenche, soportó duros ataques, pues el fuerte sirvió de base al Gobernador para sus Campeadas hacia el interior. Alrededor suyo se fue formando una pequeña población que nunca alcanzó un desarrollo que le permitiera convertirse en una ciudad, como Ribera estima que ocurrira más adelante.
Santa Margarita fue en largas temporadas el centro político y militar del Rey no debido a las prolongadas permanencias del Gobernador y sus principales colaboradores en su recinto. Cubrían su guarnición original alrededor de sesenta soldados y un capitán.
En 1626, en tiempos del Gobernador Luis Fernández de Córdova y Arce, con motivo de algunos golpes de mano de los Lafkenches en el sector del Lafkenmapu, se ordenó al capitán del fuerte de Lebo, que a la fecha era Diego Fernández de Cuestas, que hiciera una campeada al interior.
Habilitación del Puerto
Asegurada la tranquilidad de los habitantes, gracias al fuerte y a la guarnición militar, los trabajos preliminares de los industriales carboníferos, la naciente agricultura en los campos vecinos, las construcciones iniciales del astillero y el beneficio de la estación ballenera de Boca Lebu dieron curso a una incipiente actividad económica.
Para atender las necesidades de la población, al desarrollo del comercio que se empezó a formar a partir de esa fecha y a las necesidades del abastecer oportunamente a la guarnición militar, el Intendente Saavedra solicitó al Ministro de Hacienda, con fecha treinta de marzo, la habilitación del puerto. Atendiendo las razones expuestas por Saavedra, con fecha 9 de Septiembre de 1863 el Gobierno decretó:
Se declara habilitado y depende de la Aduana de Talcahuano, el puerto denominado Lebu, en la provincia de Arauco. Días después se nombró Teniente Administrador del nuevo puerto a Francisco Avila, quien asumió su cargo el primero de Noviembre. Así nació a la vida el puerto de Lebu.
Vicuña Mackenna en Lebu
Al finalizar el ao 1866 Lebu recibió la vista del historiador Benjamín Vicuña Mackenna.
Su espíritu inquieto lo llevó hasta Lebu, tras las huellas de los primeros actores de esos tristes sucesos. Acompañados por el Subdelegado Felipe Godomar visitó los alrededores recogiendo los antecedentes que necesitaba. Interesado en conocer de cerca de los mapuches, asistió a una feria que se efectuó en Lebu en esos días, la que le dejó la impresión de que: estos indgenas son ahora más pacficos que los mismos criollos y viven entregados a la labranza, a la pesca y otras industrias, con más consagración que aquellos
Lebu empezaba a dar los primeros pasos hacia su prosperidad. Así debe haberlo comprendido el ilustre historiador, cuyo juicio sobre Lebu hace parte de su obra: es la primera de aquellas cadenas la más famosa en nuestras guerras, y su ascenso forma la áspera senda que comnmente se llama camino de los ricos?, levantando por sí sólo la frontera natural que debe contener por el sur la futura y hermosa provincia litoral de Arauco perfectamente diseñada entre el mar y la sierra de Nahuelbuta entre el Bío-bío y el Tirúa, que corre al pie de aquella y cuyo centro ocupa como su capital inevitable, la naciente, pero prospera colonia de Lebu.
La fina sensibilidad de Vicuña Mackenna se adelanto a varios años a la burocracia gubernativa, la cual vino a crear la provincia nueve años más tarde, a pesar de que en mil ochocientos sesenta en el congreso nacional se haba discutido un proyecto para darle vida.
La visita de Vicuña Mackenna a Lebu, su constante preocupación por su progreso, expresado simbólicamente en el obsequio de la pila de la plaza de armas y especialmente en el proyecto de la creación de la provincia-incluido en su programa presidencial-por el que abogó con energía durante la discusión parlamanetaria de mil ocho setenta y cinco, tiene que haber dejado en lama de los Lebulenses en grato recuerdo, ya que su candidatura presidencial al año siguiente despertó en Lebu entusiasta adhesión.
A su fallecimiento, ocurrido veinte años más tarde, la municipalidad de Lebu acordó honrar la memoria de tan relevante personalidad y amigo de la ciudad colocándole su nombre a la plaza de armas.
Creación del Departamento de Lebu
El diez de mayo de 1867 Cornelio Saavedra entregó al gobierno la memoria correspondiente a las operaciones efectuadas hasta esa fecha en el territorio Araucano. Considerando asegurada la tranquilidad interna del interior del departamento de Arauco, propuso la creación de dos nuevos departamentos con los territorios comprendidos entre el río Lebu y el Imperial, e insinuó que la plaza de Lebu fuese la capital del primero.
Después de la ocupación de Cañete, Cayocupil, Contulmo y Purén, en Noviembre del año siguiente la tranquilidad de la zona era completa. Como adelantamos, se suprimió la Guarnición de Lebu la que se traslado a Cañete junto al hospital militar, cuyo médico renunció a su cargo aduciendo mala salud y se quedo en Lebu, ciudad en la cual vivió su fallecimiento en 1904.
Lebu dejó de ser una plaza militar y sólo esperaba la aprobación legislativa del Proyecto de Ley que se subdividía el territorio Araucano para convertirse en Capital del Departamento.
Con fecha de quince de Julio de mil ocho sesenta y nueve el ejecutivo promulgó la Ley que creó el departamento de Lebu, dándola como limites el río Quiapo y el río Curanilahue hasta su nacimiento en Nahuelbuta por el norte, por el sur el río imperial, por el este la cordillera en referencia y por el oeste el mar. La Isla de la Mocha quedó comprendida en sus límites.
La ley estableció que el nuevo departamento sería considerado como territorio de colonización y que sus autoridades dependerían directamente del Presidente de la República.
Con su ascenso el Capitán del Departamento, Lebu serró la etapa fundacional de su historia. En la memoria de sus habitantes fue perdiéndose poco a poco el nombre del fuerte que le había dado origen.
Formación de la Plaza de Armas
Como hemos vistos, cuando los fundadores de Lebu trazaron sus calles y manzanas, dejaron la que estaba de inmediato al norte del futuro fuerte Varas para formar en ella una plaza.
Hasta la llegada del Gobernador Fuenzalida nada se había hecho embellecer ese lugar, que se había convertido en un inmenso basural público que “hasta par los animales era un atolladero peligroso y “cuyo carácter nauseabundo crispaba el cuerpo.
En el curso de la primavera de 1871 y el verano de 1872, Fuenzalida acometió la gran tarea de transformar este basural en una hermosa plaza. “La plaza está en su conclusión, rodeada de una reja de madera bien trabajada y con su jardín al centro presenta un lugar de recreo y salubridad.
Gracias a las gestiones realizadas por Fuenzalida a través del Intendente Echaurren, de Valparaíso, quien cuando ocupo la cartera de Guerra había estado de paso en Lebu, obtuvo del Intendente Vicuña Mackenna-otro conocido de los Lebulenses-, el envió de una pila para colocarla en el centro del nuevo paseo. El 11 de Enero de 1872 la preciosa pila fue colocada con solemnidad en el lugar que le estaba designado y sobre un rico pedestal de piedra canteada y de una dimensión monumental.
Su sucesor en la Gobernación complementó esta obra de arte, colocándole un surtidor de agua, y algunos mandatarios posteriores introdujeron reformas en sus jardines o en sus arboleadas y prados. Cuando se formó la primera banda de música, la necesidad de darle un espacio apropiado para la ejecución de sus partiduras, hizo que se levantara en su avenida sur un simpático kiosco.
En Enero de 1886, en una recreación emocional-de la cual participaron todas las provincias de Chile -, ante el fallecimiento de Vicuña Mackenna, la Municipalidad de Lebu le puso su nombre.
Primer Alumbrado Público
El alumbrado público se inauguró el 16 de Septiembre de 1871, por iniciativa del Subdelegado Manuel Araya C. Este servicio estuvo compuesto por siete farolas colocadas a lo largo de la calle Pérez mediante un convenio privado entre el Subdelegado y el comercio local. Cinco de estas farolas daban una pequeñísima utilidad a su dueño, la cual era invertida en el sostenimiento de las dos restantes.
Desgraciadamente, el comercio y algunos vecinos no cancelaron las cuotas convenidas con el pretexto del pago del servicio era voluntario después del consumo. Araya tuvo que recoger sus faroles y dejar los postes plantados como cuerpos sin cabezas, denunciando con su presencia al transeúnte, la poca caridad de los que habían sido la cruel causa de su recapacitación. Así terminó la primera iniciativa de crear un alumbrado público en Lebu.
Dos años más tarde, en sesión de 21 de Noviembre de 1873, la Municipalidad acordó establecer en forma definitiva el alumbrado público en las calles principales, pagando todas las casas la mitad del valor de la contribución de serenos vigentes.
El 24 de Enero la Municipalidad facultó al Gobernador para que se hicieran los faroles necesarios y le acordó un presupuesto de $200 para ese objetivo.
En Abril el servicio de alumbrado fue entregado a la población en forma oficial. Estaba compuesto por veinte lámparas de parafina, “con lo cual queda regularmente alumbrado el área ocupada por la ciudad.
Titulo de la Ciudad (10 de enero de 1874)
En el curso de 1873 Lebu alcanzó su mayoría de edad. El desarrollo de su industria carbonífera, el progreso urbano y del comercio, la creación de nuevos servicios públicos y la formación de una industria artesanal habían la aldea en una ciudad.
La causa principal de su extraordinario progreso, como hemos dicho, es la inmensa riqueza del carbón de piedra que contiene su suelo. Cinco establecimientos carboníferos con tres mil mineros están en actividad, los que extraen no menos de diez mil toneladas mensuales. Todo ese activo movimiento minero produce precisamente otro análogo en el comercio, la industria y agricultura.
El conjunto de estos factores estimularon la inmigración y el progreso local, lo que impulsó a Peras de Arce, vísperas del año nuevo de 1874, a solicitar al Ministerio del Interior se le concediese a Lebu el título de ciudad. El 10 de Enero de 1874 el Presidente Errázuriz dictó Decreto Supremo que decía: vista la nota que procede, decreto: Concédece el título de ciudad al puerto de Lebu. Gracias a su carbón Lebu había dejado de ser una aldea y ahora era una ciudad.
Los pioneros
La primera evidencia documental de la existencia de carbón de piedra en Lebu es el testimonio del sabio polaco Ignacio Domeyko. En esos mismos años Guillermo Cunningham, testimoniaba la existencia de grande vetas a orillas del leufu.
Estos informes hacen que Matías Rioseco, junto a Martín Figueroa y Vicente del Solar llegan a orillas del leufu en búsqueda de este mineral, siendo el precursor absoluto del descubrimiento y posterior explotación de los mantos carboníferos de lebu. Dos años después se suma Juan Mackay , conocido industrial carbonífero y que ahora su atención estaba puesta en los yacimientos de lebu.
Desgraciadamente, la nueva vida que estaba surgiendo en el valle del lebu gracias al carbón y al esfuerzo de un grupo de visionarios, fue arrasada hasta sus cimientos por las consecuencias que tuvo en el territorio fronteriza de Arauco la guerra civil de 1859. Todos los pioneros a excepción de Rioseco, huyeron hacia el norte. La guerra y un justificado levantamiento mapuche, fueron antecedentes que llevaron a paralizar por varios años toda iniciativa de reiniciar las actividades mineras en el valle.
Lafkenche
La zona del Leuvu, en el período prehispánico, fue asentamiento de pueblos cazadores recolectores, que se desplazaban entre las zonas cordilleranas y las planicies litorales siguiendo las quebradas y trazados de cursos de ríos y esteros, en busca de recursos naturales que les proporcionaran alimentación y refugio.
En la desembocadura del río se localizó la cultura lafkenche en forma de asentamiento dispersos, en los que desarrollaron diversas actividades vinculadas a la agricultura y alfarería.
Desde tiempos inmemoriales los lafkenches habitaron este territorio de áspera geografía. Ella produjo en su medio, a lo largo de los siglos, una raza fuerte, dura, ruda hacia afuera, varonil, orgullosa de si misma y de sus tradiciones, tremendamente individualista y libertaria y muy sensible hacia dentro.
Este pueblo, fuerte, valeroso e inteligente, fue el que habito el territorio que, como hemos visto, soporto todo el peso de la conquista y del genocidio español.
Origen del nombre
La ciudad de Lebu debe su nombre al hermoso río sobre cuyas márgenes está situada, cuya historia y la de su bellísimo valle inferior se confunden con la de aquella. El nombre del rió proviene de la palabra mapuche leuvu, que significa precisamente río.
Pronunciado en lengua nativa-explica un escritor contemporáneo-leuvu es leufu, con la "v" escapándose sibilante hacia la "f" y la ultima vocal titubeando indecisa entre la "u y la "o ".
"Los indicios-dice Diego de Rosales-llaman a los ríos con el nombre genérico de Leubu, y para significar los ríos particulares, les añaden el nombre de la parte por donde pasan, o de las cosas que en el ayá".
El río Lebu es simplemente el Leufu mapuche castellanizado por el conquistador. Su nombre no lo complementa ningún elemento adicional que le confiera una característica especial.
El extenso valle que el río forma desde que termina de llamarse capañu hasta su desembocadura en la amplia abra que en tiempos no muy lejanos formaba con sus aguas y las del océano, que entonces cubrían su arenosa margen norte, era una realidad geográfica lo suficientemente importante para que el Lafkenche lo llamara simplemente Leufu.
Periodo Hispanico y Republicano
Hispanico
Cronológicamente, su nombre lo recoge por primera vez la crónica de Jerónimo de Bibar en 1558 al relatar el primer viaje de pastene a las costas del sur de chile en 1544, como Leobue. Años después, en 1575, el cronista Góngora Marmolejo lo llama Levo. Y en 1595, Mariño de Lobera lo llamó Lebo.
Posteriormente, el Leufu, que los conquistadores castellanizaron caprichosamente el Lebo, levo, leubu o Lebú, fue considerado como la frontera natural entre los Estados Indómitos de Arauco y Tucapel.
Por el Vado de Levoleufu, o Lebolebo, Cupaño actual, cruzó por vez primera Valdivia el corazón de Lafkenmapu, camino las margenes del Cauten en el verano de 1551 y en él también pernoctó por última vez camino a Tucapel, en la noche de Navidad de 1553, al encuentro de la muerte y de la fama.
Doce años más tarde, en 1566, en las vegas que están cerca de su desembocadura, se fundó por segunda vez la ciudad de Cañete de la frontera, la que permaneció allí hasta 1569.
Después de treinta y cinco años en que la soledad reino en el valle, abandonado por los conquistadores expulsados por las lanzas lafkenches, Alonso de Ribera fundó en 1604 el fuerte Santa Margarita de Austria, río arriba a una legua larga del mar.
Republicano
Hasta mediados del siglo XIX marcó el límite de la penetración chilena en el territorio Lafkenche.
Rosales, al describirlo en su Historia nos dice: “Después de Lavapí, a cuatro lenguas, se encuentra el río de lebo, capaz de fragatas de mediano porte: compónese de tres ríos caudalosos y de lindas aguas que vienen de la sierra marítima
Durante la Guerra a Muerte, las selvas de Lebu dieron refugio a las fugitivas monjas Trinitarias de Concepción.
En esos mismos tiempos, Benavides, derrotado definitivamente por los patriotas en Vegas de Saldías, busco amparo en sus rincones y a principios de 1822 se embarcó desde su desembocadura hacia la muerte.
Al finalizar el periodo el vado de Cupaño volvió a ser mudo testigo de la historia cuando los Lafkenches rechazan al coronel Prieto y lo obligan a retirarse hacia Arauco.
Después de las campañas militares, el Valle del Lebu y de los principales afluentes fueron poblándose lentamente por los primeros fronterizos, avanzadas de su próxima y definitiva ocupación.
Monumento historico
Cañones Plaza de Armas
Durante los años de la guerra del Pacifico las autoridades militares ordenaron iniciar trabajos de fortificación en la zona de la bahía de lebu
Con el propósito de reforzar esos trabajos, el gobierno ordeno enviar a lebu cuatro antiguos cañones de bronce en relieve, fundidos en lima en 1772, por orden del virrey del Perú Amat y Junniet.
Dos de estos cañones fueron instalados en los establecimientos Errazuriz, en boca lebu y los otros dos cerca de la playa del fundo boca lebu norte, de propiedad de Cornelio Saavedra.
Los cañones el furiosos y el relámpago, fueron donados en 1929, por la comunidad a la presidencia de la republica y hoy se encuentran en uno de los patios del palacio de la moneda.
El rayo y el Marte, desde 1913 adornan la plaza de armas Benjamín Vicuña M. De lebu. Estos cuatro fabulosos cañones de bronce, fueron declarados en 1995 monumentos históricos, pues constituyen pieza de artillería de gran significación histórica y de especial belleza por sus adornos y gran tamaño, siendo únicos en Chile.
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